¿Se te olvidan las contraseñas? Tu voz entra al rescate

Adolfo Loera Moreno

15 abril, 2021

 

Artículo: Adriana Rodríguez Canales

Lo admito: soy de las personas que tienen una pésima retención en cuanto a contraseñas se refiere. Hasta hace un par de años, cada que quería utilizar la banca telefónica de mi banco debía llevar a cabo todo el proceso de registro de una nueva contraseña porque siempre olvidaba la anterior; eso provocaba que perdiera mucho tiempo para poder ingresar, ya que debía pensar en una combinación de números que pudiera recordar y con una secuencia poco predecible. Para evitarme el inconveniente, una vez escribí la contraseña en un papel, pero, como seguramente ya la supusieron, olvidé dónde la había anotado y terminé haciendo todo de nuevo.

Imaginen mi alivio cuando mi banco optó por implementar el uso del reconocimiento de voz, con el que sólo debo repetir el eslogan del banco, qué irónicamente ya me aprendí, para poder ingresar de una manera segura y casi de manera inmediata.

Debido a su simplicidad, la biometría de voz es hoy en día uno de los sistemas de reconocimientos más populares en el mercado. Su aplicación va desde asistentes digitales de smartphones y otros dispositivos electrónicos, como Alexa, Cortana o Siri, y chatbots inteligentes que permiten interactuar con call centers, hasta plataformas de seguridad de instituciones financieras, donde son el complemento perfecto del reconocimiento de huellas digitales o de rostro para garantizar la seguridad de las operaciones.

De acuerdo con un estudio publicado por Research and Markets, el mercado del reconocimiento de voz crecerá a una tasa interanual compuesta del 17.2% entre 2019 y 2025, cuando se espera que alcance un valor de unos 26,790 millones de dólares en todo el mundo.

Se prevé que esta tecnología se irá integrando en aplicaciones comerciales para las transacciones monetarias y compras, en plataformas minoristas online, de comida a domicilio o de música online; además de que habrá una mayor demanda por parte de dispositivos inteligentes, smartphones y sensores biométricos. Sin embargo, su mayor auge podría estar en el sector automotriz, ante el despegue de las interfaces de voz ligadas a servicios que buscan los conductores, como nuevos niveles de interacción para obtener asistencia, información, posicionamiento, rutas, etcétera.

Su aceptación por parte de los usuarios se debe, principalmente, a que no se requieren dispositivos muy sofisticados para obtener muestras; no es intrusiva, y la tecnología ha avanzado tanto que hoy los algoritmos más sofisticados agregan una serie de filtros que ayudan a identificar la voz de una persona aun cuando está enferma de la garganta; permiten filtrar el ruido para obtener una muestra más exacta cuando la persona está hablando en un lugar con mucho ruido e incluso identifica si se trata de una grabación o de una voz en vivo.

¿Pero cómo es que nuestra voz puede convertirse en nuestra contraseña? La individualidad de la voz está determinada por el tono y la intensidad del habla, que dependen a su vez de características físicas como la forma de la boca, la posición de los dientes, el largo del cuello, así como de la longitud y calidad de las cuerdas vocales, pero también de comportamiento, es decir, el ritmo del habla, la entonación, el acento, entre otras.

La tecnología actual es capaz de identificar hasta 100 diferencias vocales a través de varias pruebas de voz y llegar así a un proceso de identificación.

Para poder alcanzar esta sofisticación, el reconocimiento de voz he recorrido un gran camino. La inquietud por desarrollar tecnología para el reconocimiento de voz data de 1870, cuando Alexander Graham Bell quiso desarrollar un dispositivo capaz de proporcionar la palabra visible para la gente que no escuchaba. Aunque en su momento Bell no tuvo éxito, el esfuerzo de esta investigación condujo al desarrollo del teléfono años más tarde.

En 1920 surgió la que se considera la primera máquina capaz de reconocer el habla y fue un perro de juguete llamado Radio Rex, que avanzaba cuando percibía un tono de 500 hertz con la palabra «Rex”. Una década después, el científico húngaro Tihamer Nemes intentó patentar el desarrollo de una máquina para la transcripción automática de voz, pero le fue negada ya que en ese momento se consideró que era un proyecto poco realista.

Es hasta 1950 cuando AT&T siguió con la investigación de Bell y dos años después se crea una computadora analógica que reconocía dígitos del 0 al 9. Este sistema era dependiente del locutor y los experimentos dieron una exactitud de reconocimiento del 98%. Después, en esa misma época, se creó un sistema que reconocía consonantes y vocales.

Durante los años sesenta siguieron las investigaciones y éstas generaron frutos en 1970, cuando se desarrolla el primer sistema de reconocimiento de voz comercial. En 1971, el Departamento de Defensa de Estados Unidos se lanza el mayor proyecto en la materia: el Advanced Research Projects Agency-Speech Understanding Research (ARPA-SUR) con un presupuesto de quince millones de dólares y una duración de 5 años.

Al principio la tecnología se veía limitada por la cantidad de vocabulario que podían procesar (aproximadamente 100 palabras), pero en 1986 se extiende a 20,000. En esa época también surgen los Modelos Ocultos de Markov (HMM), los cuales cambiaron el enfoque basado en reconocimiento de patrones a métodos de modelado probabilístico.

En los noventa, los costos de las aplicaciones continuaron abaratándose y para el nuevo milenio es que se integran a sistemas operativos de computadoras, teléfono inteligentes y sitios de Internet.

La tendencia dicta que, para los años por venir, el reconocimiento de voz será una de las principales opciones para aquellas empresas que buscan mejorar la experiencia de usuario del cliente y ofrecerle un proceso de autenticación más sencillo. En el caso de información más sensible, esta biometría puede combinarse con sistemas de autenticación más tradicionales, como los PIN, para garantizar la seguridad en su manejo.

Ante ello la recomendación es acercarse a empresas especializadas, con amplia experiencia y certificaciones, como es el caso de Biometría Aplicada, para que se diseñen trajes a la medida que respondan a las necesidades específicas de cada organización y que los biométricos no sólo garanticen la seguridad de ésta, sino que además hagan más amigable y fructífera la interacción con clientes y colaboradores.

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