No tienes los ojos de Tom Cruise, pero igual los tuyos sirven para ingresar al mundo digital

 

Artículo: Adriana Rodríguez Canales

Sin lugar a duda, dos de los grandes referentes sobre el alcance que podría tener el uso de biométricos en la vida cotidiana son la película Sentencia Previa (Minority Report) y la saga Misión: Imposible, ambas protagonizadas por Tom Cruise.

En los filmes se puede apreciar como los ojos del actor se convierten en la llave de entrada tanto para edificios y bóvedas de seguridad, como para aplicaciones y sistemas digitales, toda una realidad en nuestros días; pero también se ve su adaptación a sectores como el marketing personalizado, una práctica que aún está en desarrollo.

Pero no se requiere que tengamos los ojos verdes de esta estrella de Hollywood para que contemos con un elemento de identificación en el mundo digital, ya que las tecnologías que se presentan en estas películas se basan en la medición y autenticación biométrica del iris, un diafragma pigmentado que separa las cámaras exterior e interior de nuestros ojos, y cuyas características se pueden apreciar desde el exterior.

Uno de los aspectos más fascinantes del iris es su unicidad, ya que aunque a simple vista puedes pensar que “heredaste los ojos” de tu padre o de tu madre, lo cierto es que sólo se asemejarán en color, tamaño y forma, pero no en los patrones del iris, que son únicos en cada individuo y diferentes en cada ojo. Su diseño es tan complejo que pueden llegar a identificarse hasta 240 puntos únicos, mientras que en una huella dactilar son entre 20 y 40.

En los años treinta del siglo pasado, el oftalmólogo Frank Burch ya afirmaba que se podían utilizar patrones del iris como método de reconocimiento de un individuo, pero es hasta 1985 que los doctores Leonard Flom y Aran Safir pudieron confirmar que no hay dos iris semejantes y, con el apoyo de Juan Daugman, que desarrolla un algoritmo para automatizar la identificación, les fue concedida una patente para el concepto de identificación.

En 1995, los primeros productos comerciales para la identificación a través del iris llegaron al mercado, pero cuando la patente que cubría el concepto básico de reconocimiento de iris expiró en 2005, más compañías desarrollaron sus propios algoritmos.

Por ello, cuando comenzó a utilizarse esta tecnología, se implementó en sistemas de alta seguridad casi de manera exclusiva, pero hoy en día ya es tan popular, que junto con las huellas dactilares es el principal elemento de reconocimiento y autenticación a la hora de viajar al extranjero e incluso ya existen teléfonos celulares que utilizan este método para permitir su acceso. Además, está aún lejos de alcanzar su máximo potencial, por lo que podemos esperar que sus aplicaciones se amplíen en el futuro. Quizá pronto podremos pagar la cuenta del restaurante con nuestros ojos y sin necesidad de una tarjeta bancaria.

“Además de ser una biometría muy robusta al contar con múltiples elementos de validación, es más higiénica que la captura de huellas dactilares y menos intrusiva, ya que la luz infrarroja no causa molestias en el usuario ni provoca alteraciones en el ojo. Asimismo, los lectores actuales son capaces de distinguir entre un iris vivo y uno falso, debido a que pueden detectar la dilatación y la construcción de la pupila, lo que incrementa su rango de seguridad”, nos explica Adolfo Loera, presidente de Biometría Aplicada, empresa especializada en el diseño e implementación de soluciones de identidad digital.

“El surgimiento del covid-19 y las medidas sanitarias que vinieron con ello han obligado al mundo a adoptar nuevas prácticas donde el contacto entre personas y con los dispositivos sea reducido al mínimo. Es por ello que podemos esperar que el reconocimiento a través del iris tenga un desarrollo importante en los próximos años”, agrega.

Otra biometría que podría contagiarse de este boom es el reconocimiento de retina, que establece su singularidad a través de los vasos sanguíneos que la conforman, y en donde elementos como la trayectoria y el grosor de venas y arterias, así como el brillo que éstas reflejan, crean un patrón biométrico que servirá de base para autenticaciones en el futuro.

En las mediciones de la retina pueden llegar a encontrarse hasta 400 puntos de identificación y una de sus grandes ventajas es que su patrón vascular sólo es perceptible en una persona viva, ya que desaparece al momento del fallecimiento.

Actualmente, los sistemas de reconocimiento biométrico de retina se utilizan principalmente en instalaciones militares y nucleares, o en empresas que deben resguardar información sumamente sensible, esto debido a su elevado costo. Sin embargo, no podemos descartar que, como toda tecnología, siga avanzando y que con el tiempo pueda ofrecerse a precios más económicos, trayendo consigo su aplicación a nivel masivo.

 

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