La inmediatez digital sepultará el uso de contraseñas… y nadie parece dispuesto a llorar por ellas

 

“La contraseña no es válida, vuelve a intentarlo o selecciona ‘¿Has olvidado tu contraseña?’ para cambiarla”, es el mensaje que suele venir del “más allá digital” para atormentar nuestra memoria y obligarnos a hacer un escaneo de todas las posibles combinaciones que hacemos de elementos que, según nosotros, son sencillos de recordar: ¿Dónde usé las mayúsculas? ¿Dónde puse los números? ¿Utilicé guiones o puntos? ¿Acaso se me ocurrió poner la fecha de nacimiento de mi mamá? ¿Cuándo nació mi mamá?

Aceptémoslo: aunque sabemos perfectamente que las contraseñas son actualmente nuestro principal guardaespaldas en el mundo digital, en cualquier momento pueden convertirse en un dolor de cabeza, sobre todo cuanto tenemos prisa por entrar a un correo, para hacer una transacción bancaria o alguna compra en internet.

De acuerdo con una encuesta de la empresa de análisis de datos FICO, el 27% de los mexicanos ha tenido que abandonar una compra en línea y el 15% no ha podido abrir una cuenta todo porque han olvidado sus contraseñas.

Y lo más triste de todo es que, pese a nuestros reiterados intentos por crear contraseñas seguras, es muy probable que éstas se puedan adivinar, ya que difícilmente incorporamos elementos nuevos a cada contraseña que generamos, precisamente porque no queremos que se nos olviden; o para poder recordarlas, las anotamos en algún papel al que creemos que nadie tiene acceso o de plano no nos quebramos la cabeza y utilizamos la misma para todo.

Se estima que el 25% de los mexicanos ha anotado sus contraseñas en un cuaderno y el 29% utilizó menos de cinco contraseñas para todas sus cuentas, lo que evidentemente nos pone en un estado de vulnerabilidad muy alto.

Además, ya existe software que con relativa facilidad puede descifrar contraseñas, como Cain y Abel, John The Ripper, Hashcat, entre otros, o se han desarrollado prácticas como el phishing, donde los «pescadores» acceden a la información usando mensajes falsos como «cebo» para sus víctimas, haciéndose pasar por otras personas o entidades a través de email, mensajes o llamadas telefónicas; los malware que implantan programas que permiten registrar cada tecleo que realizamos en la computadora (keyloggers) o todo lo que vemos a través de la pantalla y lo envían a un servidor externo (muy factibles de encontrar en cibercafés con conexiones públicas); o donde los ciberdelincuentes simplemente aprovechan las brechas de seguridad de alguna empresa y roban la base de datos que contienen esta información.

Otra combinación de elementos que incrementan el riesgo de que nuestras contraseñas sean robadas es el amplio uso del teléfono celular para interactuar en la red y la poca restricción que tenemos al utilizar conexiones públicas.

De acuerdo con 17° Estudio sobre los Hábitos de los Usuarios de Internet en México 2021, de la Asociación de Internet MX, el 92% de los mexicanos utiliza el smartphone para navegar en Internet y apenas el 45.2% usa una computadora; y aunque el 90.9% se conectada en una red segura (la de su casa), hay un 68% que lo hace desde cualquier lugar que tenga el servicio disponible.

Ante estas circunstancias y gracias al avance de la tecnología, las contraseñas alfanuméricas se están convirtiendo poco a poco en un elemento de autenticación secundario y han dado paso a la incorporación de nuevas alternativas de seguridad como es el uso de biométricos, donde la huella, el rostro y la voz han ganado una gran cantidad de adeptos debido a la practicidad, rapidez y nivel de seguridad que ofrecen en una dinámica donde la inmediatez rige las interacciones digitales.

Como ejemplo tenemos que el 93% de los usuarios de la banca ha señalado estar de acuerdo en que la institución debe analizar la forma en cómo garantiza la seguridad de sus transacciones y el 78% está dispuesto a proporcionar un elemento biométrico si esto otorga una protección mayor. El método de autenticación preferido es la huella dactilar con el 80% de aprobación, y aunque el 41% de los usuarios avala el escaneo facial como método de seguridad general, el 52% preferiría que para ingresar a sus cuentas bancarias se utilice la huella.

“La ventaja de esta tecnología es que, evidentemente, no se tendrían que memorizar múltiples contraseñas, además de que el riesgo de hackeo es mucho más reducido. Pero aquí tenemos el reto de extender el uso de biométricos a la mayoría de las interacciones que tenemos en la economía digital, un proceso que aún nos va a llevar tiempo”, señala Adolfo Loera, presidente del Consejo de Administración de Biometría Aplicada, empresa con 21 años de experiencia en la implementación de soluciones biométricas.

El experto en identidad digital recalcó que aunque la transformación digital de las empresas ya era un proceso que venía desarrollándose de años atrás, la llegada del covid-19 está metiendo presión para que las organizaciones adopten soluciones que les permitan una interacción más ágil y a la distancia con sus clientes, quienes no se tentarán el corazón para irse con la competencia si no obtienen el producto o servicio de manera inmediata.

“Podemos entender que la nueva normalidad signifique todo un reto para las compañías que no han terminado de incorporarse a la economía digital. Por eso la recomendación es, en primer lugar, que rompan las resistencias y acepten el cambio y después, que se acerquen a los expertos, que pueden llevarlos de la mano para que no sólo se creen flujos de atención inmediata a sus clientes, sino que además garanticen que sus interacciones serán seguras y confiables. Hoy en día, el cliente busca certeza y la tecnología puede ofrecérsela”, concluyó.

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